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Escrito por Miguel Perez
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Lunes 01 de Mayo de 2006 17:57 |
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Se levantó y salió, caminando, para la lluvia torrencial. Por la vez primera, en días, abandonaba al abrigo que aquel árbol le proporcionaba de aquella lluvia sin tregua. Se concentraba en la arena mojada bajo sus pies y recordaba los tiempos en que todo era diferente. Los tiempos en que las cosas no eran tan mojadas. Sus cabellos no tardaron en quedar empapados y aquella opresión causada por las gotas cayendo sobre su cabeza volvió rápidamente. Empezó a correr. Primero trotando, buscando otro lugar donde estar, un lugar de donde pudiera llegar a las montañas, en una próxima incursión, en un otro día, después más rápido, con algún desespero.
Estaba corriendo, ya ni sabia a cuanto tiempo. Su aliento se iba y nada. Siguió, decidido en su húmeda locura, correr asta la cumbre del peñasco y con lo que le restaba de fuerzas empezó la. El poncho negro completamente empapado y las ráfagas de viento aumentaban la sensación de frío, pero aún tenia que llegar al tope. En la mente tempestuosa el pensamiento en un encuentro. So encuentro con Dios. El tenia que llegar. Piedras se desprendieron en un punto más inclinado y el se cayo. No se importo con la sangre corriendo de las rodillas y siguió en su carrera insana rumbo al pico, a la cumbre. Llegó. Cayó y se quedó allí, tirado por algunos minutos, jadeante y lleno de esperanzas. El ya lo soñara todo y ahora estaría libre. Se levantó y miró el paisaje. Era como el del sueño, poro aún mojado. Abrió los brazos y adquirió la apariencia de un inmenso pájaro negro. El sabia lo que estaba por pasar, ya lo soñara. Respiró profundamente y se lanzo para el vuelo. Era maravilloso, era como en sus sueños, pero el final llego mucho mas rápidamente. Un trueno más se hizo oír. Un bulto negro, muerto, descansaba al pie de la montaña.
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Última actualización - Miércoles 06 de Mayo de 2009 09:36 |